Opinión


Por: Isidro Bautista Soriano

Violencia igual que cáncer


Fecha Publicacion:  miércoles, 23 de febrero de 2022 - 02:40:00 -- Fecha Actualizacion miércoles, 23 de febrero de 2022 - 02:53:48

El asunto de la inseguridad es cada vez más preocupante en Guerrero y en todo México, como consecuencia, cierto, de un PRI desenfrenadamente corrompido y de un PAN contagiado de lo mismo, como gobiernos. 

 Sin embargo, no se la puede uno pasar echando culpas. A estas alturas, a casi dos meses de iniciado 2022, las cosas ya no están para buscar justificarse con el pasado. La gente no deja de observar, o hasta vive en carne propia, la violencia. ¿A cuántos hogares ha irrumpido con muertos o víctimas, o dejado en ruina?  

 La pandemia del Covid 19 pasa aparentemente como una tormenta, pero la delincuencia no cesa en aterrorizar. 

 Hay estados sometidos al crimen organizado. Es una realidad, que no puede ocultarse o soslayarse. Resulta peor el hecho de tratar de minimizar esta situación. 

 Primero Tamaulipas y Tamaulipas después, y ahora Zacatecas y Michoacán. No se halla a dónde ir; es más, en otros casos ni salir.  

 El mismísimo Ejército mexicano, con sus tropas, tuvo que sacar a familias enteras de las garras del crimen en el municipio de Jerez. ¿Dónde se había visto eso? Ni siquiera en las películas.  

 En lugar de enfrentarlo para convencerlas de quedarse, les facilitó el desplazamiento a otra localidad, pero ninguna, ninguna, está a salvo hoy de la embestida, y menos con omisiones de responsabilidad. 

 Imagínese a una autoridad históricamente respetable, diciéndole: si no quiere usted que la maten, métase a su casa y no salga. Y ¿hasta cuándo entonces podrá salir? 

 En Guerrero por un pelo ocurre un hecho espantoso en Quechultenango, que nadie ha de querer comparar, por sus consecuencias, todavía latentes, con el caso Ayotzinapa, de septiembre de 2014, en Iguala. 

 Hubo más prudencia en la población civil; de no haberla, no quisiera uno imaginarse qué hubiera sucedido, porque ¿a poco del lado de la autoridad, nadie imaginó que su incursión armada, realizada en forma inusitada, tendría consecuencias como su retención, por poco linchamiento? 

 ¿Qué resultado dio la movilización de fuerzas armadas y corporaciones policiacas en ese municipio, más que controlado, casi gobernado por cierto grupo delictivo, a todas luces sabido? Los mismísmos lugareños les gritaron en su cara que “aquí todos somos ardillos”, y que así están en paz, sin necesidad de autoridades ajenas. 

 Y luego vino el incendio suscitado en el mercado principal del puerto de Acapulco, afortunadamente sin víctimas mortales, no porque no pudieran provocarlas, sino porque no quisieron, pero de que lo pueden hacer, lo hacen. 

 Ahí está Sinaloa: momentáneamente detuvieron a El Chapito Ovidio Guzmán López, en ese entonces de 28 años de edad, en Culiacán, y a las horas lo soltaron antes de que esa ciudad, bastión de su cártel, ardiera como en Vietnam. De repente, surgieron hombres y armas nunca imaginables en ese lugar. 

 Por eso, no más gente improvisada en todo gobierno ni cometer ningún descuido. Se requiere un gobierno centinela, con los ojos abiertos las 24 horas del día y listo para actuar, con el diseño de los peores escenarios.  

 Hay gobernadora, Evelyn Salgado Pineda, definitivamente entregada al cargo, y lúcida permanentemente ante cualquier situación, y una vez más, vista respaldada por el gobierno de López Obrador. 

 Bien lo dijo el hoy finado ex gobernador René Juárez Cisneros: Guerrero no es Disneylandia. Y eso que todavía no comenzaba esta ola de violencia. Y bien lo dijo el senador hoy con licencia Félix Salgado Macedonio: el que no vaya al paso de la 4T, mejor que se vaya del gabinete. 

 Dice el refranero español: “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”. 

 La violencia, la inseguridad o delincuencia debe verse como el problema número uno. Es exactamente como el cáncer: sólo puede controlarse. No hay medicina ni médico que lo pueda exterminar.  

 En México y en el mundo siempre habrá maldad como enfermedad. Es cuestión sólo de sobrellevar, con la mejor receta. [email protected]

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