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Prevención nutricional

Tercera llamada


Fecha Publicacion:  sábado, 11 de julio de 2020 - 06:41:00 -- Fecha Actualizacion sábado, 11 de julio de 2020 - 00:36:20

Por: Dr. Alejandro Jahén García Delgado

“Dime qué comes y te diré quién eres” escribió el filósofo Jean Anthelme Brillat-Savarin, refiriéndose a qué, literalmente, somos lo que comemos. Con frecuencia escucho a mis pacientes, o los hijos de mis pacientes, muy preocupados porque ahora comen menos o ya no quieren comer; en ocasiones con índices de masa corporal muy disminuidos y otros en rangos de obesidad, parece raro, pero estamos viendo con mayor frecuencia obesidad en la población geriátrica. 

Es importante dejar claro que, a mayor edad, existe una disminución en las necesidades de calorías debido a un metabolismo y actividad física disminuida, lo que explica el menor consumo de alimentos. Sin embargo, los requerimientos nutricionales deben guardar proporción entre los grupos de alimentos, nuestra constitución corporal y enfermedades padecidas.

Algo que con frecuencia repito a mis pacientes, es que entiendo lo difícil que puede resultar cambiar nuestros hábitos alimenticios, más de 60 años comiendo lo mismo, disfrutando de esos sabores tan peculiares y sabrosos de nuestra cocina mexicana, para que un día, así como así, se nos diagnostique alguna enfermedad que nos haga cambiar nuestra dieta.

Pocas veces hablamos de la dieta como prevención o tratamiento de nuestras enfermedades, y creo que es un buen día para considerarla. Lo ideal siempre sería que un experto en nutrición nos oriente, he de confesar que, como médicos, parte de nuestra formación implica conocer ciertos aspectos técnicos, pero pocas veces vamos más allá, a esos lugares donde solo los expertos en nutrición llegan; siendo ellos quienes nos pueden explicar con detalle los alimentos aptos o perjudiciales según cada caso. 

Historias podría contarles por cientos, la gran mayoría con diabetes, hipertensión y daño renal, pacientes que, al cambiar aquellos hábitos alimenticios desmedidos, pudieron mantener en control sus niveles de glucosa, de presión arterial y mejorar la función renal. 

No solo eso, también hace posible reducir el número o dosis de medicamentos ingeridos, incluso mejorar el estado de ánimo. Hasta parece increíble que, al modificar la cantidad y tipo de dieta acorde a nuestras necesidades, nuestro cuerpo puede mejorar su funcionamiento.

También puedo contarles otro ciento de historias en que mis pacientes se negaron rotundamente a cambiar sus hábitos, argumentando que es su manera de disfrutar su vida, comiendo lo que les place, sin tanta restricción; y también lo entiendo. Como geriatra, busco siempre mantener la calidad de vida mis pacientes. Para muchos de ellos, seguir comiendo a placer, es parte de esa calidad de vida, con las consecuencias bien claras de las posibles complicaciones.

Estimado lector, vea usted su plato, la cantidad de sus alimentos, porque si somos lo que comemos, siempre es posible cambiar y mejorar nuestros hábitos alimenticios, aunque muchas veces la economía restringe dicho propósito, la naturaleza se ha encargado de darnos lo necesario y nuestro cuerpo, a pedir lo que le hace falta, “porque todos envejecemos y comemos de manera diferente”. 

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