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Por: José Rodríguez Salgado

Lidia Mondragón Sosa

Presencias y Evocaciones


Fecha Publicacion:  viernes, 22 de octubre de 2021 - 04:22:00 -- Fecha Actualizacion viernes, 22 de octubre de 2021 - 04:19:42

A las educadoras de Guerrero.

La primera referencia que tuve de la educadora Lidia Mondragón Sosa, fue de parte de la Supervisora del subsistema profesora Concepción Vega Nava, acreditada, educadora, responsable del nivel preescolar de la primera zona con cabecera en Chillpancingo.

En sus continuos acuerdos con el suscrito Director General de Educación Pública del Estado (1971-1974), refería los nombres de su personal en los jardines de niños de su jurisdicción. Hablaba con verdadera pasión del trabajo que desarrollaban sus colaboradoras quienes responsablemente desarrollaban un excelente trabajo.

Hablaba del gran sentido de organización con los padres de familia, las autoridades civiles y militares, así como su disciplina en el cumplimiento de las diversas actividades señaladas en el programa de estudios.

Dentro de su personal sobresalían varios nombres dentro de los que destacaba el de Lidia Mondragón Sosa, egresada del Colegio del Estado, quien formó parte de las primeras generaciones de maestro de jardines de niños.

Su ficha curricular registra los siguientes datos: originaria de la Ciudad de Zaragoza en la sierra de Puebla y por motivos de trabajo su familia se trasladó a la capital de Guerrero en 1956. Desde entonces radica en la tierra de las cemitas, el pozole y el toronjil.

Obedeciendo su vocación magisterial, decide profundizar sus estudios en la materia y acredita la Licenciatura en Pedagogía en la Universidad Autónoma de Guerrero.

Ingresa como educadora al servicio estatal en 1963, en 1975 asciende por méritos legítimos y una brillante hoja de servicios al cargo de directora y a partir de 1986 es designada supervisora de zona del subsistema, tomando en consideración su experiencia comprobada, sus adelantos académicos, así como su comprobado liderazgo entre sus compañeras.

El arribo a este cargo despertó simpatías y aplausos de parte de la comunidad y las autoridades respectivas. Ejerció su función de supervisora hasta 1994 en que solicita los trámites de su jubilación en la que de manera legítima tenía derecho.

Desde 1983, sus amplios conocimientos, verticalidad, amplios conocimientos, capacidad pedagógica y soporte académico indiscutido, hicieron posible su ingreso y exitoso desempeño como docente en la Centenaria Normal del Estado “Ignacio Manuel Altamirano”, plantel en el que trabajó, además, como subdirectora administrativa.

En el campo sindical recibió la oportunidad y confianza de que sus compañeros la nombraran Secretaria General de la Sección XX del Suspeg. Tuvo a su cargo, la jefatura del departamento de investigación además del área de investigación.

El pasado 6 de octubre tuve ocasión de reencontrarla en el edificio que ocupan las oficinas de la Dirección General de los Colegios de Bachilleres. Ahí se efectuó la solemne ceremonia que organizo la Secretaria de Educación de Guerrero para conmemorar el Centenario de la Creación de la Secretaria de Educación Pública evento que reseñé en mi columna de la semana pasada.

Al intercambiar saludos recordé la brillante labor que realizaban las educadoras Olga López Gómez, Guadalupe Neri Carreto, Martha e Isabel Moctezuma Nieves, Magdalena Saavedra, Rosa Adame Viguri, entre otras destacadas, maestra de jardines de niños del sistema estatal, cuyo trabajo ejemplar cubre de gloria el firmamento pedagógico guerrerense.

Escribo estas líneas en correspondencia al obsequio de su libro “La educación preescolar en Chilpancingo, 1929-2000”, investigación que le valió obtener el título de Máster en Investigación Educativa, otorgada por el Instituto Central de Ciencias Pedagógicas de la República de Cuba.

Aquí cita puntualmente la evolución y crecimiento de los jardines de niños, sus antecedentes, las fuentes y personajes inspiradores, las gestiones de las maestras Rosaura Zapata y la guerrerense Bertha Von Glumer Leyva, y la posterior consolidación de estos centros hasta en los más recónditos lugares de la república.

Este libro verdaderamente hacía falta en la historia de la educación en la capital; es además una convocatoria para impulsar tareas similares en el resto de la entidad.

Nombres, lugares, entorno rural y urbano, presupuestos, políticas en la formación de docentes y especialistas, métodos y programas de estudio, información estadística, perfiles poblacionales y políticas educativas en particular.

Con este libro no podía esperarse menos de quien como la maestra Mondragón, nació con una vocación clara y definitiva que tuvo un desempeño sobresaliente, y a pesar del tiempo transcurrido, no se desentiende de los asuntos que le han ocupado toda la vida.

La lectura de su libro es de consulta obligada. Ella sigue en pie, actualizándose y documentando el acontecer en las nuevas generaciones.

Mujeres como ella hacen falta para continuar superando los ancestrales rezados y carencias que dibujan un desigual perfil de la población guerrerense.

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