Edicion : a miércoles, 11 de diciembre de 2019 Edicion Archivada

Opinión


Por : Antonio León 

Palabrerío


Publicada:  19 noviembre, 2019 -- Actualizada: 19 noviembre, 2019

Por estas tierras tamarinderas los partidos políticos PRD y MORENA han ofertado gobiernos democráticos pero no han cumplido en la práctica.  De acuerdo al concepto básico de democracia: gobiernos del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, en realidad se ha visto que sólo impera la voz del primer edil ante las genuflexiones de quienes presumen representar los intereses del pueblo y la indiferencia de la mayoría de los ciudadanos.

Aquí sólo se escucha la voz del que está en el poder, mientras que al ciudadano común jamás se le da la oportunidad de expresarse ante sus conciudadanos. Esta manera de gobernar es un obstáculo para la democracia representativa, la cual se convierte en una democracia que existe sólo en el discurso, en donde la autoridad habla y el pueblo sólo debe escuchar, a uno con poder público del cual puede disponer en varios sentidos a su arbitrio y la ciudadanía rebajada a solamente emitir su voto, y en las clases sociales más bajas con la obligación de aclamar a sus gobernantes si no quieren obtener represalias de sus líderes lucradores, todos con carencia de influencia sobre las decisiones que toman sobre el erario los que los gobiernan.

La forma de gobernar por estas tierras siempre ha sido personal, sin tomar en cuenta en lo mínimo los puntos de vista de los gobernados, porque sólo prevalece la voluntad del jefe, ante el servilismo de la militancia de su partido, y  la indiferencia de los ediles de oposición desprestigiados y apáticos.

Actualmente está tan dañado el raciocinio del pueblo, que es fácil hacerlo vivir de sueños, tan sólo con palabras repetidas una y otra vez, o con actos de relumbrón: efímeros, costosos e inútiles. Se prometen acciones maravillosas  sin sustento, sin escrúpulo alguno, y presumiendo de logros intrascendentes que presentan como actos casi milagrosos, porque el primer edil es todo poderoso, y lo que él dice debe ser como la palabra de dios. Siembra esperanzas ilusorias, distorsiona la realidad  a su conveniencia impone su manera pensar sobre lo que el municipio necesita, y exige que el pueblo se lo aplauda.

¿Qué puede esperar el pueblo de esta forma de gobernar en donde los hechos cuentan poco ante el arbitrio de los gobernantes? Por lo pronto que el arribo de la democracia real está muy lejos, porque la aparente democracia electoral se vuelve irrelevante a partir de que el vencedor toma el poder, porque a partir de ese momento nada importará más que su forma de pensar circunscrita por sus necesidades particulares.

Hasta el próximo martes estimado lector.

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