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María de Jesús Castro Gómez<br>Comerciante de comida

La Entrevista del Domingo

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Iguala, Gro., Julio 18.- De procedencia de familia humilde, doña Chuy, como yo la conocí, fue la primera vendedora de picaditas con papas, guajes dorados preparados con cebolla, limón y sal; un verdadero banquete de almuerzo que disfrutaban sus clientes que acudían todos los días a la Av. Bandera Nacional, en la esquina en donde empieza la explanada de las Tres Garantías...

Por : Edmundo Santana 

Iguala, Gro., Julio 18.- De procedencia de familia humilde, doña Chuy, como yo la conocí, fue la primera vendedora de picaditas con papas, guajes dorados preparados con cebolla, limón y sal; un verdadero banquete de almuerzo que disfrutaban sus clientes que acudían todos los días a la Av. Bandera Nacional, en la esquina en donde empieza la explanada de las Tres Garantías y para mayor ubicación, junto al puesto de periódicos y revistas de doña Julia, el mismo que ahora atiende la famosa Güera. Ahí, de pie, doña Chuy ponía su gran canasta de picadas y tacos doraditos que servía, bañados con salsa roja, crema y polvo de queso y como complemento, semillas doraditas, en el cajete o jardinera que rodea a uno de los legendarios tamarindos del centro de Iguala. Repito, la primera vendedora de estos antojitos mexicanos, ah... y todo acompañado con su indispensable refresco que pedían con doña Julia. Fueron muchos años de su vida, pero gracias a su tesón y trabajo constante, logró darles estudios a sus seis hijos que supieron responder al esfuerzo y cariño de su madre. Pero llegó el momento de auto jubilarse y la figura inconfundible de doña Chuy fue sustituida por una de sus hijas…..que heredó el negocio que creó su progenitora.

P-Doña Chuy, es un gusto verla después de muchos años en que la perdí de vista. Como nada más la conozco por doña Chuy, dígame, por favor, su nombre completo.

R-María de Jesús Castro Gómez. Nací en esta ciudad.

P-¿Quiénes fueron sus padres?

R-Francisco Castro y Socorro Gómez.

P-¿En qué año nació usted?

R-El 6 de agosto de 1939.

P-¿Cuántos hermanos fueron?

R-Fuimos 12. Cinco mujeres y siete hombres. Vivimos cinco hermanos.

P-¿En qué domicilio vivían cuando usted era niña?

R-En la calle de Manuel Doblado No. 45.

P-¿Qué ocupación tuvieron sus papás?

R-Fue albañil y campesino. Mi mamá, ama de casa y vendía tortillas, tlaxcales, gorditas, polvorones, tamales, de todo vendíamos. Yo le ayudaba.

P-¿Siempre acompañó a su mamá en su vendimia?

R-Sí, hasta que me casé. Desde los 8 años me mandaba mi mamá a vender al mercado cuando estaba el centro.

P-¿En qué parte del mercado se ponía?

R-Por la mañana, en donde las fonderas vendían el menudo, y por la tarde en donde vendía don José Mejía y doña Juana la barbacoa, quienes se ponían por donde estaba la tienda de Romero, “El baratero de Guerrero”; también una señora vendía taquitos de cocido de carne de res en ese mismo lugar. Era buena venta pues hacíamos 10 cuartillos en la mañana, 10 al medio día y 10 en la noche. Las tortillas las hacíamos a mano. También íbamos a Taxco a vender tortillas, tamales, elotes y calabaza con dulce.

P-¿Quiénes más vendían comida en el mercado?

R-Juanita, Balbina, Lucha y otras más. Por fuera del mercado, en donde estaba la casa Chávez vendían unas cuantas personas elotes, pero sin mayonesa y la señora Ángela vendía en ese mismo lugar, elotes, calabaza y atole de maíz. Por donde estaba la casa Anita, estaban dos señoras, una de ellas de nombre Martha Flores, vendían picaditas a las que les ponían papitas y salsa, salían calientitas del comal.

P-¿Los chiquigüites en donde llevaba sus tortillas eran grandes?

R-Sí, le cabían como 300 tortillas, lo que correspondía a 10 cuartillos de maíz.

P-O sea si me dice que eran 30 cuartillos diarios los que vendía, equivale a 900 tortillas diarias. ¿Cuánto costaba el kilo de tortilla?

R-No vendíamos por kilo, por ejemplo, por cinco centavos, dábamos ocho tortillas; las compradoras llevaban sus servilletas porque no dábamos envoltura.

P-¿En dónde compraba el maíz.

R-En la casa del señor Fonseca, en la mera esquina, en donde está ahora la librería de Rey Zambrano, estaba la “Reguladora” de don Juanito, era una tienda de abarrotes, pero en las puertas de entrada a la tienda, tenía unos contenedores en donde estaba el maíz amarillo; era un arte hacer tortillas, las hacíamos redonditas, las poníamos en un comal y hasta que esponjaran, tortilla grande, no como la de ahora. Mi mamá y yo vendíamos mucha tortilla; cuando vivíamos por el barrio de la palma, ya teníamos nuestro recorrido diario, veníamos por la calle de Reforma y entregábamos a nuestras clientas las tortillas; su abuelita María era una de nuestras clientas. Llegaba a la terminal de la flecha roja y le vendíamos a la señora que tenía su restaurancito adentro de la terminal y por fuera, sobre la calle de Obregón, tenían su restaurante doña Florinda, la abuelita de Lupita Goñi, doña Pipina y a la vuelta sobre la calle de Reforma, la pozolería el Río Escondido; en el corredor que empezaba en la esquina de Obregón y Portal Independencia, estaban los Godines con su vitrina, vendiendo carnitas estilo Michoacán. A todos ellos les vendíamos las tortillas. Por cierto en corredor, después de los billares Arrieta, estaba la zapatería Olimpia de don Manuelito quien vendía calzado de muy buena calidad, yo le compraba ahí los zapatos a mis hijos.

P-¿Ustedes hacían la masa?

R-No. Nosotros comprábamos el maíz, lo lavábamos, lo poníamos a hervir en la tarde y al otro día, muy temprano lo llevábamos al molino que tenía el señor Marciano Perucho en la calle de Manuel Doblado o al del señor Santiago Pastrana por la calle de Abasolo quienes abrían sus molinos desde la una de la mañana.

P-¿Cuántas tortilleras había en el mercado?

R-Anita López, doña Liboria, doña Juana, mi mamá Socorro Gómez, Lucía Moyao, doña Maura, doña Yoya. Que recuerde, todas esas vendedoras de tortillas que estábamos en el mercado; nos distribuíamos en las esquinitas. Nosotras llegamos desde que el mercado se puso en el centro y cuando hicieron el nuevo, ya no nos fuimos para allá.

P-¿Recuerda cuándo aparecieron las tortilladoras que acabaron con el negocio de ustedes?

R-No recuerdo en qué año, pero primero empezaron las máquinas de comales grandes en donde hacían las tortillas y después las tortilladoras que hay ahora.

P-¿A qué edad empezó a vender sus tortillas?

R-Cuando tenía 8 años y hasta los 20 porque me casé. A los 8 llevaba mi canastita y a los 10 con chiquigüite

P-¿Quién de los Mendiola, estaba con su tienda de abarrotes en la primera entrada del mercado?

R-Don Isaías con su tienda “El guajolote” y precisamente ahí, vendía las tortillas por la tarde, y en la esquina estaba “La Casa Chávez”.

P-Recordando esa esquina, ¿qué había enfrente?

R-Estaba Rita Peralta en donde vendía jabón verde de cacahuanache, jabón blanco, de coco, amarillo y el de Mazón; además sopa de tallarín, azúcar, arroz, galletas y todo lo de abarrotes. En la banqueta estaba un puesto de mercería, hilos, listones, tijeras, peines y muchas cosas más. Recuerdo la botica del doctor Kawashima, también de la Popular en donde don Ángel Kalis vendía telas. Me acuerdo del asta bandera que levantaron en el Monumento, prendían la Bandera en la noche y se veía muy bonito.

P-Se fue el mercado del centro, ya no vendieron sus tortillas en el mercado nuevo General Adrián Castrejón y entonces, ¿a qué se dedicaron?

R-A vender en la casa, hacíamos pozole, tostadas, yo lavaba y planchaba la ropa de la señora María Félix Román y a la señora Dominga cuya casa está por la calle de Hidalgo, ella hacía panquecitos; dejó de hacerlos cuando se casó y a cambio pusieron una tortillería por la calle de Manuel Doblado. También le lavaba y planchaba a la sobrina de mi compadre Chacón el dueño de la famosa mercería Chacón, se llamaba Victoria, ya falleció. A los 20 años me casé pero seguía planchando, lavando y vendiendo tamales de queso, de carne y de ciruela y me iba con mi canasta a las calles a venderlos, y los acababa.

P-¿Cuántos hijos tuvo?

R-Seis: Martha, José Luis, Isidro, Genaro, Micaela y Francisca Loza Castro. Todos viven gracias a Dios. Mi esposo fue Juvenal Loza, quien falleció hace 4 años. Tenía yo 32 años cuando nos separamos. Seguí trabajando para mis hijos, fui papá y mamá y estudiaron hasta donde quisieron. Dios me bendijo con unos hijos muy buenos y responsables. Dos mujeres y un hombre están en los Estados Unidos, la que usted conoce por la Güera (Micaela) es la que me suplió con la venta de picaditas y tacos en lugar en el que estuve por muchos años. Pero también, vendía en la calle de los jarros (Alarcón ) menudo, cecina, arroz con huevo, chile de longaniza, nopalitos a la mexicana, chicharrón en tacos, los lunes menudo y el domingo pozole. Mis hijas en Alarcón y yo en el atrio. Toda la venta era por la mañana. Estaban otros compañeros taqueros vendiendo también en este lugar, estábamos pegados a la banqueta de la tienda del “armario”, esta tienda de ropa rentaba un local del edificio que antes conocíamos como “edificio López”, y los compañeros taqueros, con el humo y la grasa que despedía la carne al asarla, engrasaban sus vidrios; se quejaron y quitaron la vendimia de allí, pero ya para entonces, ya no hacía los almuerzos porque se casaron mis hijas y ya no hubo quién atendiera el puesto. Me quedé únicamente con mi canasta de quesadillas, picadas y tacos en el atrio de la Parroquia de San Francisco de Asís, hasta que me reemplazó mi hija Micaela.

P-Usted me platicó que fue cocinera en el restaurante “Las Tapatías”que estaba en el Hotel Velasco.

R-Sí, ahí estuve 4 años de cocinera con Irene, la nuera de doña Amparito, y después me fui con Juan Muñoz Garduño; cuando fue presidente de Iguala, ya estaba trabajando en su casa con su esposa Jovita Caballero, vivían el callejón de “La Paz”, en donde está ahora la clínica Tovar, y en donde está “Cometra”, estaba el salón ”Bugambilia”, con ellos trabajé cinco años. Cuando me salí de la casa de don Juanito, empecé a vender en “la calle de los jarros”.

P-¿Cuántos años estuvo vendiendo el atrio?

R-Entre la calle de los jarros y el atrio estuve unos 25 años.

P-¿Y cómo consiguió que le permitieran vender en el atrio?

R-Fui a hablar con Primitivo Castro, haciéndole la llorona de que estaba sola y mis hijos estudiando; también me ayudó el Lic. Parra (q.e.p.d.) Para que me dejaran ahí.

P-¿Pagaba por vender ahí?

R-Pues nos cobraban un permiso diario y ahora se paga por año; pagamos a Hacienda también.

P-¿Ya estaba el puesto de la Güuera María Luisa cuando usted llegó ahí?

R-Ya, ya estaba. Doña Julia fue la que puso la casillita. Ella empezó a rentar cuentos en la esquina de la calle de Guerrero, frente a la de Alarcón, iban muchos muchachos a rentarlos y se sentaban a leerlos en el atrio y después se pasó al lugar en donde está actualmente, pero ya vendiendo periódicos y revistas varias; después de algunos años falleció doña Julia y lo siguió trabajando María Luisa. Ya tiene mucho tiempo que conozco a la Güera. El mercado del centro lo quitó Juan Muñoz Garduño y en ese lugar construyó el Ayuntamiento nuevo y el mercado Adrián Castrejón fue construido al mismo tiempo que el Ayuntamiento.

P-¿Usted estudió la primaria?

R-Nada más estudié hasta segundo año. Es que mi mamá era muy pobre y veía que se quebraba sus dedos porque no le alcanzaba el dinero y mis hermanitos tenían que comer. Fui a la escuela 20 de Noviembre; iba sin zapatos, con mis trenzas chuecas porque yo no me las podía hacer, con mis vestidos bien largos, nada de torta ni de peso, llegaba con mis cuadernos en la mano porque no tenía bolsa ni nada. A tres cuadras de la casa estaba un señor que vendía petróleo, le decían “el toro pando” y tenía sus frascos de galletas de animalitos, dulces de menta que antes había y caramelos de pinitos, yo llevaba un centavo y lo gastaba en galletas y me daba un montón; eso me llevaba a la escuela y me las comía en la hora del recreo, y para bajarme las galletas, hacía cola para pegarme a la llave de agua que había en el patio de la escuela y ese era mi refresco. Otros se hacían su cono con una hoja que arrancaban de su cuaderno. Nos pidieron en la escuela dos metros de tela para hacer una costura e hilos y veía que mi mamá se mortificaba porque no tenía para comprarme la tela y los hilos. Como yo fui la mayor, dicidí dejar la escuela para ayudarle a trabajar a mi mamá.

P-¿Quiénes fueron sus profesoras en primero y segundo año?

R-Una profesora que se llamaba Godeleva Arroyo y en segundo el profesor Juan Saldaña, quien después fue el director de la escuela. Ahí conocí a la Profra. Alma, otra que se llamaba Julia.

P-Con esa triste experiencia, ¿usted sí le dio estudios a sus hijos?

R-Sí, fueron a la primaria y a la secundaria. Mi hija Micaela estudió para Secretaria Ejecutiva y otra para Secretaria Bilingüe. Nada más ellas porque los otros se pusieron a trabajar, estudiaban y trabajaban. Uno de mis hijos no estudió secundaria pero es rotulista. Y otro trabaja en Lama Gas. Martha, Francisca y Genaro, están en Chicago. José Luis, Isidro y Micaela están aquí en Iguala.

P-¿Todos sus hijos viven?

R-Sí, gracias a Dios.

P-¿Cuántos nietos tiene?

R-Ocho nietos y cinco bisnietos en Chicago, Illinois.

P-¿Por qué dejó la vendimia de las picadas, tacos y dobladas junto a la Güera?

R-Porque ya me dolía las rodillas, ya no podía estar parada. Y luego me alborotaron para ir al Seguro Social a recibir clases en manualidades y pues, me gustó. Así es que no me daba tiempo, tenía que apurarme con la venta para llegar a tiempo a clases. Me enseñé a hacer servilletas pintadas, a coser con aguja maravillosa, cuadros de repujado y como me encanta la cocina, me enseñé a hacer pasteles, panquecitos de arroz, pastel de carne; me dieron mis constancias de cocina y de manualidades. También hice motivos navideños como Santa Claus, pascuas y angelitos, pero también en la cocina hacíamos gelatina de mosaico, la tradicional de Navidad. En las fiestas patrias hacíamos gelatinas con los colores verde, blanco y rojo. También me enseñaron a hacer muñecas de trapo con sus trenzas de estambre. Me metí a natación, a caminata: daba 30 vueltas a la cancha. Este año, si Dios quiere que esté buena, me estoy animando ir a caminar. Le voy a pedir a mi doctor familiar la hojita de envío para que la meta con la trabajadora social y me inscriba en caminata.

P-¿Hojas de qué?

R-De envío, son unas hojitas que le dan como receta, y ahí dice manualidades, caminata, natación. Ya trabajo social lo inscribe a uno, como en la escuelita, y nos piden fotografías. Pienso inscribirme en caminata y si hay cocina, también, porque están enseñando comida vegetariana. Cuando estuve trabajando en “Las tapatías” le hacía comida vegetariana a la señora de la “Fotografía Graciela” y a la señora de la “Farmacia Guerrero”. Hay veces que en la tarde no había gente y hay iba con don Taurino a surtirme de lechuga, cajas de jitomate, chiles jalapeños, cebollas, chiles poblanos para rellenarlos, hacíamos pozole verde, blanco y rojo los jueves y los domingos hacíamos mole verde, rojo y comida a la carta.

P-¿Y ahora, ya retirada de la vendimia, a qué dedica su tiempo?

R-Al quehacer de la casa, voy al mercado porque no me gusta cómo me compran, voy a hacer pagos, me pongo a pelar papas, las pico y si quieren más picadas las hago y se las mando, igual que las enchiladas, me hablan por teléfono y preparo lo que me piden. Hago la comida, me pongo a lavar el chile, la cebolla, doro dos cacerolas de semilla y lavo mi ropa, veo las noticias en la tele, en fin hay que hacer todo el día.

P-¿Qué tiempo tiene viviendo aquí en la 28 de Abril?

R- 23 años.

P-¿Cuántos años tenía cuando vivió por el barrio de la Palma?

R-Tenía 17 años. Cuando le iba a ayudar a su abuelita María a hacer el aseo de la casa, lo veía a usted, era más grande que yo.

P-Sí, si ahorita tiene 71 años y yo 73, pues cuando iba a mi casa yo tenía 19 años. ¿Se acuerda cómo era el barrio de “La Palma”?

R-Las casas eran de adobe, unas cuantas de ladrillo y tecorrales de piedra. Las calles eran de piedra, en tiempo de lluvia eran ríos que corrían rumbo al campo de sembradío. Estaba muy feo todo eso, por ahí estaba “La tranca de Cocula”. La ciudad terminaba tres calles después de Leandro Valle y seguía puro campo hasta llegar al cerro. Por allí había huertas de mango. Ahora hay muchas colonias. Primero vivimos por Manuel Doblado, nos cambiamos a Leandro Valle y nos regresamos a vivir a Manuel Doblado, a dos cuadras de la capilla de Santa Anita que era una casita de palma, ya después le construyeron su iglesia.

P-A sus 71 años de edad, ¿qué le pide a Dios?

P-Le doy gracias a Dios que gocé, viví, me dio estos hijos tan buenos que tengo, nunca les pegué ni los regañé, los crié con todo mi cariño y mi dulzura y los sigo queriendo mucho.

P-Y ellos le responden de la misma manera. Gracias doña Chuy por darme esta entrevista para Diario 21.

Y me retiré pensando, cómo pasan los años, por muchos años le iba a comprar el periódico doña Julia y ahora a la Güera y doña Chuy todos los días me regalaba mi puñito de semillas envueltas en un papel, ya era su cliente en las semillas doraditas. ¡Cómo pasa el tiempo! Con el permiso del jefe Jorge, me voy de vacaciones, estaré ausente dos domingos. Que Dios los bendiga.

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